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Europa es fuerte cuando actúa. Cuando las empresas y administraciones toman decisiones concretas. Cuando recuperan el control, refuerzan la seguridad y de verdad alcanzan la libertad de elección. Llevamos demasiado tiempo debatiendo hasta qué punto nos hemos vuelto dependientes de tecnologías digitales clave. Ahora empieza la etapa en la que esas dependencias se reducen de forma práctica.
Esto es precisamente lo que estamos experimentando ahora mismo en la industria, la administración pública, las multinacionales, los Estados, las autoridades y las pymes. Sobre todo allí donde se gestionan datos sensibles, es decir, en las infraestructuras críticas, el sector sanitario, la administración, la producción y la movilidad. Yo lo llamo la emancipación de Europa.
Y emancipación no significa aislamiento ni dar la espalda a los socios tecnológicos de otras partes del mundo. Al contrario, la cooperación, los ecosistemas abiertos y el acceso a las mejores tecnologías siguen siendo fundamentales. Pero al mismo tiempo, Europa debe volver a poder decidir por sí misma dónde se almacenan los datos, quién opera los sistemas, bajo qué legislación funcionan y qué dependencias quiere asumir.
Soberanía significa libertad de elección. Pero solo podemos disfrutar de verdadera libertad de elección si también existe una alternativa europea.
Un ejemplo actual es Volkswagen, al que estamos ayudando a crear su nuevo Group Private Cloud. Este cloud está destinado a convertirse en la infraestructura central para las aplicaciones de todas las marcas del Grupo Volkswagen y a alojar sus nuevas aplicaciones informáticas. A largo plazo, también está previsto trasladar a él muchas de las aplicaciones existentes. Esto es mucho más que un proyecto informático. Es una señal estratégica.
Volkswagen fabrica, desarrolla y comercializa en Europa, China, EE. UU. y muchos otros mercados. Y en todos ellos se generan datos, como datos de producción, de clientes, de investigación, de medición y de desarrollo. Hace tiempo que estos datos dejaron de ser un simple subproducto de la digitalización y ahora forman parte de la creación de valor, constituyen un secreto empresarial, representan un factor competitivo y, en un mundo geopolíticamente inestable, también implican un riesgo.
Por eso, hoy en día las empresas globales se enfrentan a una nueva pregunta: ¿qué ocurre si se interrumpen los flujos de datos? ¿O si la información sensible queda sometida a jurisdicciones a las que otros Estados tienen acceso?
Volkswagen ha encontrado una respuesta clara: un segundo entorno de datos soberano. No se trata de rechazar los clouds públicos ni de dar la espalda de forma generalizada a los hyperscalers, sino de crear una infraestructura adicional para las aplicaciones especialmente importantes y sensibles. Una isla de datos con puentes levadizos: conectada cuando tiene sentido y aislada cuando resulta necesario.
Ahí reside la esencia de la soberanía moderna. No todo tiene que estar en un cloud privado. Lo decisivo es poder alojar los sistemas críticos allí donde las empresas mantengan el control sobre los datos, las operaciones y el marco jurídico. Por eso Volkswagen evalúa sus sistemas en función de su nivel de criticidad. En el caso de las aplicaciones especialmente importantes, los datos deben permanecer en Europa. Y el Group Private Cloud se está creando precisamente con este objetivo.
La soberanía, por tanto, no comienza con la ideología. Comienza con un análisis objetivo de los riesgos: ¿qué datos son críticos? ¿Qué aplicaciones son decisivas para la empresa? ¿Qué dependencias son aceptables y cuáles han dejado de serlo? Si se responde con honestidad a estas preguntas, se concluye rápidamente que Europa necesita sus propias opciones de cloud de alto rendimiento.
Volkswagen necesita una infraestructura para aplicaciones críticas, ubicaciones de datos controlables y normas de seguridad transparentes, capaz de integrarse en los entornos informáticos existentes, modernizarlos paso a paso y, al mismo tiempo, abrir nuevas posibilidades para la IA.
Por este motivo ha elegido nuestro T Cloud como plataforma central y base tecnológica del cloud privado del Grupo Volkswagen, y lo implanta y gestiona en sus propios centros de datos existentes. Volkswagen utiliza estas capacidades de forma exclusiva y, si es necesario, puede transferirlas a su propiedad.
De este modo, no solo obtiene control técnico, sino que el grupo también refuerza su soberanía económica. Quien dispone de una alternativa de cloud propia y soberana negocia de otra manera con los proveedores externos. Ya no depende de una única opción y puede decidir con criterio qué cargas de trabajo deben ejecutarse en un cloud público, cuáles en un cloud privado y cuáles requieren un nivel de protección especial.
Volkswagen también sigue un enfoque diferenciado desde el punto de vista geográfico. El entorno informático del grupo se divide en distintas regiones: Europa, EE. UU., América (sin incluir EE. UU.), China y Asia (sin incluir China). Allí donde el marco jurídico lo permita, se crearán clouds privados independientes, adaptados a los requisitos legales y técnicos de cada región. El proyecto arrancará en los centros de datos existentes en Wolfsburg e Ingolstadt, y más adelante se ampliará a Asia.
La soberanía, por tanto, no significa lo mismo en todas partes. Debe adaptarse al mercado, al marco jurídico y al nivel de riesgo. Por eso los clientes no necesitan una única solución, sino una cartera de servicios de cloud con distintos niveles de soberanía.
Y este ejemplo desmonta el viejo prejuicio de que la soberanía es automáticamente más cara. No es cierto. Con nuestro T Cloud combinamos menos costes con mayor independencia y seguridad. De hecho, podemos ofrecer precios incluso más competitivos que muchas de las ofertas de cloud de los hyperscalers.
Para mí, la idea clave es esta: el cloud soberano no supone un regreso al romanticismo de los centros de datos propios. Es un cloud moderno, pero con control. Combina rendimiento industrial con la fiabilidad europea.
El cloud soberano no supone un regreso al romanticismo de los centros de datos propios. Es un cloud moderno, pero con control. Combina rendimiento industrial con la fiabilidad europea.
El segundo ejemplo procede de la administración pública. En este ámbito también estamos alcanzando un punto de inflexión. Con T Cloud, T-Systems lleva la infraestructura de cloud soberano a la administración alemana. Nuestro T Cloud forma parte del contrato marco para servicios de cloud e IA adjudicado por GovTech Deutschland.
A primera vista, esto puede parecer una cuestión técnica, pero en realidad, tiene consecuencias muy concretas. En el futuro, el Gobierno federal, los estados federados y los municipios podrán adquirir infraestructura de cloud y de IA de forma sencilla y directa, sin largas licitaciones individuales y con unas condiciones claramente definidas. Para los responsables de compras y de IT de las administraciones públicas, esto supone un cambio de paradigma. Significa acceso en lugar de trámites, rapidez en lugar de burocracia y plataformas reutilizables en lugar de soluciones aisladas.
Esto es precisamente lo que necesita la administración pública. La digitalización no debe empezar desde cero una y otra vez. Si una administración desarrolla una buena solución digital, otra no debería tener que volver a crearla desde el principio. Pero para lograrlo se necesitan entornos de ejecución estandarizados, modulares y seguros. Y el marco de GovTech establece precisamente estas bases.
El Estado alemán no solo debería exigir la soberanía digital, sino también impulsarla y aprovecharla con determinación, mediante centros de datos locales, infraestructura de cloud europea y normas claras en materia de seguridad, protección de datos y operaciones, así como con plataformas que permitan escalar las aplicaciones de la administración.
Como último ejemplo, Andorra. En el futuro, la administración y los organismos públicos solo podrán contratar servicios de cloud con proveedores seleccionados. Nosotros, como T-Systems, somos el único proveedor europeo certificado con nuestro T Cloud.
¡Y eso también envía un mensaje claro! La soberanía digital no es solo una cuestión para los grandes países. También resulta fundamental para los Estados más pequeños que quieren modernizar su administración, fortalecer su economía y proteger su autonomía tecnológica.
Andorra Digital reconoce T Cloud como una solución de cloud soberano, seguro e interoperable que cumple las normas europeas relativas a la protección de datos, la continuidad del negocio y la calidad del servicio. El objetivo está claro: que la administración y la economía puedan utilizar una infraestructura de cloud que sea, al mismo tiempo, resiliente, conforme con la normativa de protección de datos y de alto rendimiento.
No se trata de política simbólica, sino de digitalización tangible: infraestructura como servicio (IaaS), plataforma como servicio (PaaS), almacenamiento gestionado, bases de datos, seguridad, gestión de identidades, asesoramiento, soporte y mantenimiento, complementados con datos, analítica, inteligencia artificial y gestión de infraestructuras. Así es como se crea una auténtica capacidad de actuación digital.
De estos proyectos concretos emerge un patrón claro: Volkswagen en la industria. GovTech Alemania y Andorra Digital en la administración pública. Todos ellos demuestran que el cloud soberano ya no es un tema de nicho. Se está convirtiendo en la base de las decisiones estratégicas.
No se trata de excluir a los hyperscalers. Eso sería un error. Las grandes plataformas poseen un enorme potencial de innovación. Muchas empresas seguirán utilizándolas. Nosotros también colaboramos con socios tecnológicos líderes. Sin embargo, la época de no tener alternativas debe llegar a su fin.
Europa necesita un enfoque de «tanto una cosa como la otra»: la eficiencia de los ecosistemas globales y alternativas europeas propias. El cloud público, el cloud privado, el cloud híbrido y el multicloud deben funcionar de forma complementaria. Las arquitecturas abiertas, la interoperabilidad y la posibilidad de elegir el grado adecuado de soberanía en función de la criticidad de los datos y los procesos serán factores decisivos.
Para algunas cargas de trabajo basta con un cloud público convencional. Otras requieren controles adicionales. Las aplicaciones especialmente críticas deben alojarse en un cloud privado o en un cloud público soberano dentro del marco jurídico europeo. Lo verdaderamente importante es que el cliente pueda elegir.
El mercado del cloud es uno de los mercados tecnológicos más importantes de nuestro tiempo. El cloud constituye la base de la IA, la automatización, la administración digital y la competitividad industrial. Quien no controle este ámbito perderá capacidad de actuación.
Por eso, en Europa no podemos limitarnos a ser usuarios. Debemos volver a ser protagonistas, debemos construir infraestructuras, desarrollar ecosistemas de socios y convertir las tecnologías en soluciones operativas. ¡No en algún momento, sino ya mismo!
Los próximos años serán decisivos para determinar si Europa sigue limitándose a acompañar la evolución del cloud y la inteligencia artificial o si vuelve a participar activamente en su desarrollo. Volkswagen, GovTech y Andorra lo demuestran: el cambio ya ha comenzado. Europa está iniciando su emancipación digital. No contra otros, sino por sí misma.